Ve y atrapa una estrella fugaz,
hazle un hijo a la raíz de la mandrágora,
dime a dónde se nos van los años
o quién le herró las pezuñas al diablo;
enséñame a escuchar el canto de las sirenas
o a mantener a raya el aguijón de la envidia
y encontrar
aquel giro
que a la mente honesta da alimento.
Si has nacido de visiones extrañas,
cosas invisibles al ojo,
cabalga diez mil noches y días
hasta que la edad nieve sobre tu cabello
y ya, cuando regreses, me dirás
cuántas maravillas tan extrañas te cayeron;
y júralo,
no encontrarás
una sola mujer fiel y honesta.
Si la encuentras, avísame;
sería una peregrinación interesante.
Pero mejor no, pues no iría
aunque la encontrara a la vuelta de la esquina;
aunque te sea fiel a primera vista,
aún así ella, si me avisas por carta,
al final
te mentirá
cuándo la reciban dos, tal vez tres.
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