Las decisiones más íntimas son nuestros gustos. Nuestros libros, poemas, pinturas y en especial nuestras
canciones favoritas dicen más de nosotros mismos que los
#yoconfieso más personales; tal vez se trate de las elecciones más
reveladoras precisamente porque las hacemos de manera en gran medida
inconsciente, sobre todo aquellas que suceden durante cierta época
en que no podemos ni siquiera intuir los significados que las irán
poblando durante el resto de nuestras vidas.
Si me preguntan cuál es mi banda
favorita siempre contesto que esa respuesta va cambiando con el
tiempo. Pero la primera y la que ha ocupado con más constancia ese
lugar es Oasis. Una de las cosas que recuerdo mejor del final de mi
infancia es el momento en que la música dejó de ser algo que
simplemente era divertido y comenzó a ser una forma de identidad.
Antes de eso me gustaban los Beatles, Queen, Guns & Roses,
Nirvana y otras cosas que ahora dan pena. Pero todos esos gustos
fueron por exposición ambiental. Aunque ya algo de eso se había
despertado un año antes con Nirvana, el sentimiento de pertenencia
que da el descubrir un gusto musical (en apariencia) de la nada lo
descubrí una tarde a principios de 1995 mientras veía MTV (ese MTV
Latino de mediados de los 90 que parecía la versión en televisión
por cable de una radio pirata) y pasaron, seguidos, los videos de
"Rock'n'roll Star" y "Live Forever".
En el imaginario inglés del siglo
XVIII la idea de lo sublime se concebía como la sustancia estética
de todo lo que nos produce miedo pero a la vez una curiosidad tan
grande que nos impide alejarnos. Esa misma sensación la descubrí
varías veces en la infancia. Los pintores flamencos en el tomo de
arte de una enciclopedia son los culpables de llenar mis años más tiernos de
pensamientos abstractos y sensaciones abismales de lo sublime (que,
obvio no llamaba así entonces). Pero ese mismo vértigo también lo
sentía cada vez que escuchaba A Day in the Life y llegaban las
famosas secciones orquestales. Precisamente por ese miedo que me
hacía sentir ésa sigue siendo una de mis canciones favoritas aunque
la sensación muy pronto se volvió irrecuperable y la sustituyó
otra menos sublime pero aún eufórica. Aunque mi papá me había
dado casettes de los Rolling Stones, Queen y todo lo básico en el
rock hasta REM no había encontrado otra banda que tuviera en mí
el efecto de los Beatles. Así fue, hasta que vi ese par de videos en
MTV.
Tal vez de no haber tenido 10 años
entonces sólo me hubiera gustado Oasis porque son fans de los
Beatles. Sin embargo, un tanto por la referencias y otro poco por la
misma euforia que destilaban los hermanos Gallagher, en aquel momento
escuchar esas dos canciones fue como entrar en trance. La manera en
que Noel Gallagher había logrado transformar su afición por los
Beatles en energía creativa (o el arte de fusilar con estilo, dirían
algunos) fue, sin podérmelo explicar en el momento, una de las cosas
que me dejaron sin palabras mientras veía esos dos videos. Y
mientras Liam Gallagher gritaba “It's just a rock'n'roll, It's just
a rock'n'roll” estaba convencido que si ellos podían tocar
canciones que me gustaran tanto como las de los Beatles cualquiera
que se lo propusiera podría hacer eso o cualquier cosa.
Muy pronto me compré el cassette de
Definitely Maybe (elegido recientemente como el mejor álbum
británico editado entre 1980 y 2010) y cuando salió, unos
meses después, el de (What's the Story) Morning Glory. Luego empecé
a escuchar a otras bandas de lo que, convencidos por el gobierno
británico, los medios de todos los continentes dieron por llamar
Britpop (la palabreja esa y su oscura forja habría que discutirlos
en otro texto). En ese momento se comenzó a volver manifiesta y
poco a poco consciente mi anglofilia característica y que a la larga
terminaría por influir en mis decisiones académicas y en toda mi
vida laboral. Cuando llegó el momento de dejar de usar cassettes y
cambiarlos por CDs el primero, a propósito, fue el Be Here Now, pronto me hice de los otros discos e incluso de un Definitely Maybe del primer tiraje de Creation Records. Me volví cliente de Tower Records donde compraba ejemplares
del NME y el ,ahora extinto, Melody Maker con un retraso trasatlántico
de una o dos semanas a precios ridículos, gracias a esas revistas y al internet (que poco a poco se me empezaba a volver indispensable para todo) Oasis fue el punto de partida para conocer a otras bandas desde Blur (predeciblemente) hasta The Frank & Walters (banda de la que fue roadie Noel Gallagher, a la que le abrió Suede durante la misma gira, y una de los primeras a quienes los Chemical Brothers les hicieron remixes).
Se me volvió costumbre esperar cada
nuevo disco, estar al pendiente de los chismes sobre las peleas de
los Gallagher, poner "Cigarettes & Alcohol" a todo volumen en las
fiestas (aunque luego nadie entendiera porqué) y demás cosas raras
que hace un fan de Oasis. Conseguir los sencillos siempre fue una de mis favoritas, pues esta es una banda de lados B. Recuerdo que en la época del Standing on the Shoulder
of Giants (cuando iba en la prepa) fui con un par de amigos a comprar
los boletos para el concierto a un Mix Up. Había visto el sencillo
de "Go Let it Out" en esa misma tienda unos días antes, pero no
llevaba dinero y vi que tenían dos discos. Ese día, luego de
comprar los boletos, no estaba seguro si comprar el sencillo o
esperar al día siguiente para no quedarme con poco dinero. Entonces,
mientras hacíamos planes para el concierto y veíamos nuestros
boletos recién comprados, pasó frente a nosotros una chica con una
playera de Oasis (igual que yo ese día) y una bolsa transparente
estampada con fotos de Liam y Noel (que evidentemente había hecho
ella misma), por si fuera poco era muy guapa. Fue inevitable no
verla. También iba a comprar boletos. Al ver que luego de comprarlos
se dirigía a la sección donde estaban los sencillos la seguí y me
adelante a comprar el último "Go Let it Out" que quedaba antes que
ella. Ya en la caja, mientras ella salía del Mix Up me miró y
sonrió decepcionada. Mis amigos me reclamaron durante semanas por no
haberle hablado. Aún hoy creo que si lo hubiera hecho ella hubiera
comprado el disco o me hubiera convencido de comprárselo y nunca la
hubiera vuelto a ver.
Sin duda las veces que pude ir a los
conciertos de Oasis están entre los mejores días de mi vida. Una de
esas veces incluso hasta canté "Stand by Me" para ganarme una playera
afuera del Palacio de los Deportes. Curioso, sólo he hecho cosas
vergonzosas como cantar en frente de mucha gente esa vez y otra, en
una feria educativa del British Council, cuando canté "The Universal" para ganarme un poster gigante con la portada del The Best of Blur.
Ahora mi anglofilia es algo tan
cotidiano que no le doy tanta importancia y me burlo de mí mismo,
por ser tan cliché, al darme cuenta que estoy usando una canción de
Pulp para dar una clase de inglés mientras llevo puesta una playera
con la simbología del metro de Londres y al terminar el día me
tomaré un gin & tonic mientras veo el dvd de algún concierto de
Oasis.
Cuando salí de la prepa no tenía ni
idea de qué hacer con mi vida. Sabía que tenía que estudiar. Era
lo esperado pero nadie ponía en mí esperanza y mucho menos presión
alguna. Podría haber conseguido un Mcjob para empezar una cadena de
despidos y renuncias con intervalos de explotación malpagada y nadie
se hubiera quejado [bueno, eso terminó pasando pero al menos los sueldos son un poco menos miserables cuando uno estudió]. Pero no. Eso no era para mí. De pronto supe, sin
pensarlo mucho, sólo lo supe y estaba seguro de que estudiaría
literatura y sería letras inglesas. Mientras escuchaba "Fade Away" y
la canción no tenía nada que ver con la decisión misma pero la
convicción nostálgica que la llena y su constante repetir
que nuestros verdaderos sueños, aquellos que en verdad llegamos a
cumplir, son en realidad insospechados y muy distintos a lo que
queríamos de niños, me hizo estar aún más seguro de la decisión.
Ahora creo que con tanta anglofilia y el acercamiento gradual a la
literatura que llenaron mi adolescencia la decisión era bastante
obvia, incluso desde el punto de vista laboral, pues ahora mi
anglofilia paga las cuentas.
No con poca ironía, uno de los pocos
gustos musicales que logré contagiar a mi hermano es Oasis. De
alguna manera nuestra relación es casi tan buena y apegada como la
de Noel y Liam, aunque nos peleamos menos seguido y menos feo.
Durante algún tiempo mi hermano opinaba a favor de Liam cada vez que
nos enterábamos de alguna pelea. Ahora estamos de acuerdo en que si
a alguien podemos culpar de que ya no exista Oasis es al menor de los
Gallagher y que compraremos el disco solista de Noel.
Cuando me enteré de la pelea de Noel y
Liam en París el año pasado lo tomé a la ligera y le hice bromas a
mi hermano sobre que en un mes cuando mucho se reconciliarían. Pero
no fue así. Y aquí viene el #ojitoremy. Por dinero (o falta de) no
fui la última vez que vinó Oasis a México. Se suponía que íbamos
a ir juntos mi hermano y yo. Él nunca fue a ningún concierto de
Oasis. En el momento no me lamenté mucho porque pensé que
regresarían y ya los había visto otras veces. Pensé en eso y en
que en esta ocasión sí se cumplía el cliché “es que crecí con
ellos”. Algo se terminaba y no sólo Oasis, mi vida cambió mucho
en 2009 y es tan irreconocible que ya no existe Oasis. Los escucho
aún casi diario pero ahora pertenecen al pasado. No sacarán más
discos ni tendrán más giras y si algún día se reúnen estaré
viejo y ellos aún más. Bienvenido al mundo adulto, aquí ya no
podrás ir a un concierto de Oasis ni esperar a que salga su nuevo
disco, pero sacaran una compilación de sencillos para recordarte que
no volverán esta vez y que el tiempo vuela.
¿Porqué el mejor concierto que dieron en Latinoamérica tuvo que ser en Argentina? :-/
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