Juguemos
a ser poetas,
porque
nos sentimos muy bien o muy mal
y
tenemos voces
que
se desgañitan de tanto buscar
palabras
de pronunciación explosiva;
porque
podremos recorrer todo el país
entre
mesas de lectura y fiestas infinitas;
porque
tenemos ganas de perder la cuenta
de
a cuántas personas besamos en un festival;
porque
no se trata de libros gratis ni de dinero ni de fama,
sólo
es que la poesía “es como una bachita
y
debe rolar”,
nos
debe marear.
Olvidemos
todo: la escritura es nuestra vida, vivir es la escritura.
No
sabemos si viviremos mucho, pero sí muy rápido.
Tenemos
la palabra, también la diversión.
Nuestros
versos,
tan
largos que se vuelven prosa,
son
"salvajes" y no les hace falta solemnidad:
los
cosechamos del cielo,
de
un desierto,
de
un chocolate,
de
otro poema,
de
matar o salvar a la tradición,
de
la vida de mi gato,
de
una traducción falsa,
de
la nostalgia futura,
de
una canción en una fiesta
o
de un viaje en el metro.
Tenemos
la palabra
y
abrumados escribimos hasta el amanecer sin dormir.
¿Qué
más podemos hacer?
Sólo aspirar a becas culturales;
no
somos carne fresca para el subempleo
de
corbata y traje todos los días.
Olvidemos
todo: la escritura es nuestra vida, vivir es la escritura.
La
escritura es un debraye
es
irse de boca,
es
un conjuro,
es Latinoamérica,
es
saltar a las calles y llenar de esténciles los muros de los bancos.
es
que nos llamen adolescentes de escrituras mutantes,
es
la imitación de nuestros héroes, ligues, amigos y enemigos de la poesía (pos)moderna,
es
la amistad llena de grietas que ya no da para más,
es
abusar de las enumeraciones, las anáforas, ironizar las referencias, freakear
con el performance
y
pasar todo el día echados en nuestro bono de juventud y lista de contactos,
viendo tele y así.
Al
final no hay nada,
vienen
los libros y los premios.
Todo
tiene un curso:
cuando
te vuelvas predecible mejor escribe una novela
sobre
los amigos que se te volvieron insoportables.
Escribe
otras cuatro o cinco, para que cuando te de una sobredosis de vida puedas dejar
una herencia.
Mientras,
es tiempo de escribir.
Olvidemos
todo: la escritura es nuestra vida, vivir es la escritura.
Mañana
nos ahogaremos en lo que vomitamos hoy, así será el final.
Mientras,
es tiempo de fingir/ es tiempo de escribir/
es tiempo de fingir/ es tiempo de
fingir//
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