Advertencia liminar
El texto es algo extenso y a pesar de su tono no pretende autoridad teórica, la gravedad es parte de su estética particular tanto como el desparpajo y la constancia de las digresiones. Contiene comparaciones entre Estados Unidos y países de Latinoamérica, que son en gran medida generalizaciones para dejar de lado situaciones específicas y así privilegiar en la superficie un análisis de la república democrática como sistema político y de manera más profunda poner de manifiesto estos mismos conceptos como meras convenciones retóricas, usos del lenguaje con un fin específico. La palabra Aproximaciones en el título indica la naturaleza inacabada tanto del cuerpo verbal que germina a continuación como de las ideas que introduce (con la posibilidad latente de estar plagado de los siempre entrañables errores de dedo). El texto de Susan Sontag que cito a lo largo de estas aproximaciones fue publicado en The New Yorker el 24 de septiembre de 2001 y se puede consultar aquí. La traducción de la cita es mía.
El texto es algo extenso y a pesar de su tono no pretende autoridad teórica, la gravedad es parte de su estética particular tanto como el desparpajo y la constancia de las digresiones. Contiene comparaciones entre Estados Unidos y países de Latinoamérica, que son en gran medida generalizaciones para dejar de lado situaciones específicas y así privilegiar en la superficie un análisis de la república democrática como sistema político y de manera más profunda poner de manifiesto estos mismos conceptos como meras convenciones retóricas, usos del lenguaje con un fin específico. La palabra Aproximaciones en el título indica la naturaleza inacabada tanto del cuerpo verbal que germina a continuación como de las ideas que introduce (con la posibilidad latente de estar plagado de los siempre entrañables errores de dedo). El texto de Susan Sontag que cito a lo largo de estas aproximaciones fue publicado en The New Yorker el 24 de septiembre de 2001 y se puede consultar aquí. La traducción de la cita es mía.
I
Era de mañana y en los súper mercados
las pantallas mostraban fuego, la gente se reunía frente a las
fogatas de novedad. Pasaba de largo y pensaba en los acordes y versos
tristes de canciones escocesas; en cómo tras el intercambio del
dinero por un trozo redondo de plástico, caminar un par de cuadras y
sacarlo de la caja, colocarlo en una bandeja y apretar un botón
cobraría sentido todo el proceso al escuchar la música. Sería una
experiencia única, tanto como el tiraje de millones de copias de
aquel disco; suficiente motivo para evadir cualquier razón de
asombro que por algún motivo mi mente de 17 años asoció vagamente
al futbol para inmediatamente ahogar todo potencial de interés en el
acontecimiento. Pero era fuego lo que atraía a la gente hacía las
pantallas.
Miré de reojo y vi el fuego
consumiendo las estrellas, el rojo y el blanco sobre la tela; el
pueblo de Harun al-Rashid
(aún era la primera referencia que saltaba a mi mente)
gritaba en celebraciones de jubilo. Le dieron en la torre a
los gringos pensé y pasé de
largo, aún sin saber del acontecimiento exacto pero con una efímera
sensación de que se había hecho justicia.
La
certeza de saber que difícilmente un partido de futbol que se juega
un martes a las 9 am puede atraer tanta atención y del origen
político del fuego que reflejaban los cátodos desencadenó mi
curiosidad. Sería necesario prender la televisión, pese a que en
ese entonces me gustaba quedarme solo mientras el resto de la familia
salía a trabajar o estudiar temprano precisamente porque nadie vería
tele por un buen rato. Una ya había colapsado, la otra se
desmoronaba. Llegaban en vivo las imágenes que durante días se
repetirían ad absurdum;
se traducían o mentaban los adjetivos y sustantivos de una naciente
guerra y su respectiva retórica en cuyo centro se situaba una T
mayúscula que ya no pertenecía a las películas para asustar sino a
los aviones y al nuevo rostro del “Mal”, que muchos años antes
había sido rojo y marxista pero desde ese día lleva turbante y
peregrina a La Meca.
II
De esa
mañana conservó una certeza, si bien el 1 de enero del 2000 había
comenzado una nueva década, el segundo martes de septiembre del año
siguiente se sentía el girar de un siglo a otro al saber lo que
pasaba. Por unos días se volvió políticamente incorrecto no sentir
lástima por los estadounidenses (aunque un políticamente correcto
Fredric Jameson opine en su prefacio a la traducción de Todo
Calibán de Roberto Fernández
Retamar que una verdadera lástima es la ausencia de un sinónimo en
inglés para el gentilicio American),
la información internacional desplazó a la nacional en los
noticieros con horarios reprogramados a la hora de mayor audiencia,
la censura prendía hogueras de silencio a canciones y películas con
referencias a lo acontecido que cubrían un espectro de lo
directamente asociable a la asociación paranoica. El eco de la
palabra Aliados se materializó poco a poco en un tajante “con
nosotros o contra nosotros”.
La
unanimidad para calificar la tragedia abrió paso a la justificación
de la venganza guiada por una retórica de absolutos opuestos. Se
respondió a la muerte con su propia recreación. El ataque físico
se resignificó, como señalaba ya Susan Sontag tan sólo un par de
semanas después, en otro ideológico y cultural a conceptos como
“civilización”, “libertad”, “humanidad” y “el mundo
libre” sin tomar en cuenta sus motivaciones culturales e históricas
o de seguridad e inteligencia.
III
Mediante
los mismos conceptos aludidos por Sontag también se pretendió
redimensionar el ataque a un país mediante la elasticidad de un
concepto tan vago como el de “Occidente” apoyado en cierta medida
por tragedias individuales. Bajo dicha retórica se presentaba
coherente que si un ciudadano español había muerto ese día en
Nueva York, casi un par de años después el ejercito de dicha nación
ayudara al estadounidense a tomar Baghdad. Las posibilidades de
perplejidad ante tal lógica son tan bastas como la cantidad de
países que tomaron parte en la coalición y tan variadas como los
intereses particulares de cada estado y su relación específica con
Estados Unidos. La adhesión de España a la defensa de un concepto
de “Occidente”, construido bajo la lógica de la demostración de
fuerza, desencadenó nuevos ataques a cuyo dolor se respondió de una
manera distinta. Tal vez cabe llamar, para tomar un término de la
propia Sontag, más “democrática” a la reacción española que a
la de un Estados Unidos gobernado por George W. Bush. Aún quedarían
por cuestionar muchos otros aspectos (legalidad internacional,
aspectos humanitarios, violentamiento del contacto entre culturas,
daño al medio ambiente, el impacto en la vida diaria de las
población, etc) de la respuesta militar estadounidense tanto en Irak
como Afganistán; sin embargo esos conceptos van más allá de la
discusión sobre la mera viabilidad retórica de su justificación.
Sin embargo la misma retórica que pretendía construir la existencia
de nuevas amenazas contra la seguridad de la población
estadounidense (o incluso del resto del mundo) por la presunta
existencia de armas nucleares (nuclear weapons)
perdía su pretendido efecto como parte de programa de demostración
de fuerza al ser traicionada por una magra dicción, que naufragaba
en la suposición de estar ante inespecíficas “nuevas armas
asesinas” (new killer weapons).
IV
Incluso
antes de los atentados de hace 9 años el status quo
estadounidense en la política internacional se encontraba ya cuestionado por las condiciones de la
elección presidencial en la cual resultó electo George W. Bush. No es
nueva la construcción conceptual de una amenaza al orden social como
estrategia de unificación social. Si bien la construcción
conceptual del terrorismo se basa en acontecimientos tan reales como
lamentables, cabe citar de nuevo a Susan Sontag cuando señala que
“las personas a cargo de la administración nos han dejado saber
que consideran que su labor es manipulativa en la construcción de la
confianza y el manejo del dolor”. Las estrategias retóricas en la
construcción de conceptos de amenaza social empleadas por la
administración Bush parecen encontrar eco y ser replicadas en los
contextos particulares de otros países también regidos bajo el esquema de la república democrática con un sistema parlamentario bicameral y elecciones mediante voto universal.
Resultaría
contradictorio apuntar sin pruebas a la importación sistemática e
implementación premeditada de un estrategia de construcciones
conceptuales siguiendo un método específico. Sin embargo se puede
hablar de fenómenos recurrentes en los sistemas políticos de
representación popular basada en el voto universal. Uno es la
agudización de las segmentaciones de población (por motivaciones
económicas, culturales, raciales, religiosas, ideológicas, etc)
como resultado de la competencia entre grupos antagónicos en
procesos de elección. En gran medida relacionado al fenómeno
anterior se presenta con frecuencia la manipulación retórica de
problemáticas domésticas específicas para la construcción
conceptual de amenazas al orden social. En cualquier caso dicha
estrategia se emplea como intento de minimizar la segmentación
social de la población y la ingobernabilidad que tal fenómeno
implica.
Las estrategias de explotación
retórica de problemáticas para construir conceptos de amenaza
social sitúa a la población en un estado de alerta que demanda
unificación de sus segmentos antagonizados durante los procesos de
sufragio. Una vez establecido el concepto de amenaza la relación
entre su manipulación retórica y las respuestas pragmáticas
ordenadas por el gobernante tiende a cuestionar la verosimilitud de
la amenaza conceptualizada. La población evalúa la confiabilidad de
los conceptos y la capacidad del gobernante para responder a la
amenaza o bien la propia veracidad de la misma; bajo circunstancias normales las sensación de confianza o engaño se habrían de ver reflejadas en los resultados de las elecciones. En el caso de la
respuesta de Estados Unidos al terrorismo las amenazas potenciales
perdieron validez (en el caso de Irak) y la capacidad de demostración
de fuerza para eliminar las amenazas que ya hicieron daño (la
cacería de terroristas en Afganistán) no se ha concretado. La
manipulación retórica de problemáticas específicas para crear
conceptos de amenaza tiene un origen histórico en la política tanto
interior como exterior de Estados Unidos. Este contexto también
determinó en cierta medida fenómenos similares en países de
Latinoamérica debido a que su política interior muchas veces estuvo
influenciada por los intereses exteriores de las partes enfrentadas
durante la guerra fría. El tratamiento retórico de las
problemáticas reales para crear conceptualizaciones (no sólo de
amenazas sino también de beneficios potenciales a la población) en
función de los procesos electorales está creando “democracias”
basadas en sofismas cuyo fin es garantizar el voto y no en atender de
manera pragmática las necesidades y problemáticas específicas de
las que se alimentan en los países donde ocurren estos fenómenos.
V
Desde mi perspectiva noto que la
menara recurrente del uso de la retórica que intento describir lleva
a una disminución gradual en la percepción de la diferencia
ideológica entre partidos políticos. ¿Se trata de un deterioro
inminente de la república democrática como forma de gobierno
inherente al capitalismo?
Para los que preguntan por mis trinares en el ave verdeagua aquí les dejo el link http://bit.ly/9stZZx
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