sábado, septiembre 11, 2010

Retrospectiva 9/11. Aproximaciones sobre retórica y democracia.

Advertencia liminar

El texto es algo extenso y a pesar de su tono no pretende autoridad teórica, la gravedad es parte de su estética particular tanto como el desparpajo y la constancia de las digresiones. Contiene  comparaciones entre Estados Unidos y países de Latinoamérica, que son en gran medida generalizaciones para dejar de lado situaciones específicas y así privilegiar en la superficie un análisis de la república democrática como sistema político y de manera más profunda poner de manifiesto estos mismos conceptos como meras convenciones retóricas, usos del lenguaje con un fin específico. La palabra Aproximaciones en el título indica la naturaleza inacabada tanto del cuerpo verbal que germina a continuación como de las ideas que introduce (con la posibilidad latente de estar plagado de los siempre entrañables errores  de dedo). El texto de Susan Sontag que cito a lo largo de estas aproximaciones fue publicado en The New Yorker el 24 de septiembre de 2001 y se puede consultar aquí. La traducción de la cita es mía. 

I

Era de mañana y en los súper mercados las pantallas mostraban fuego, la gente se reunía frente a las fogatas de novedad. Pasaba de largo y pensaba en los acordes y versos tristes de canciones escocesas; en cómo tras el intercambio del dinero por un trozo redondo de plástico, caminar un par de cuadras y sacarlo de la caja, colocarlo en una bandeja y apretar un botón cobraría sentido todo el proceso al escuchar la música. Sería una experiencia única, tanto como el tiraje de millones de copias de aquel disco; suficiente motivo para evadir cualquier razón de asombro que por algún motivo mi mente de 17 años asoció vagamente al futbol para inmediatamente ahogar todo potencial de interés en el acontecimiento. Pero era fuego lo que atraía a la gente hacía las pantallas.

Miré de reojo y vi el fuego consumiendo las estrellas, el rojo y el blanco sobre la tela; el pueblo de Harun al-Rashid (aún era la primera referencia que saltaba a mi mente) gritaba en celebraciones de jubilo. Le dieron en la torre a los gringos pensé y pasé de largo, aún sin saber del acontecimiento exacto pero con una efímera sensación de que se había hecho justicia.

La certeza de saber que difícilmente un partido de futbol que se juega un martes a las 9 am puede atraer tanta atención y del origen político del fuego que reflejaban los cátodos desencadenó mi curiosidad. Sería necesario prender la televisión, pese a que en ese entonces me gustaba quedarme solo mientras el resto de la familia salía a trabajar o estudiar temprano precisamente porque nadie vería tele por un buen rato. Una ya había colapsado, la otra se desmoronaba. Llegaban en vivo las imágenes que durante días se repetirían ad absurdum; se traducían o mentaban los adjetivos y sustantivos de una naciente guerra y su respectiva retórica en cuyo centro se situaba una T mayúscula que ya no pertenecía a las películas para asustar sino a los aviones y al nuevo rostro del “Mal”, que muchos años antes había sido rojo y marxista pero desde ese día lleva turbante y peregrina a La Meca.

II

De esa mañana conservó una certeza, si bien el 1 de enero del 2000 había comenzado una nueva década, el segundo martes de septiembre del año siguiente se sentía el girar de un siglo a otro al saber lo que pasaba. Por unos días se volvió políticamente incorrecto no sentir lástima por los estadounidenses (aunque un políticamente correcto Fredric Jameson opine en su prefacio a la traducción de Todo Calibán de Roberto Fernández Retamar que una verdadera lástima es la ausencia de un sinónimo en inglés para el gentilicio American), la información internacional desplazó a la nacional en los noticieros con horarios reprogramados a la hora de mayor audiencia, la censura prendía hogueras de silencio a canciones y películas con referencias a lo acontecido que cubrían un espectro de lo directamente asociable a la asociación paranoica. El eco de la palabra Aliados se materializó poco a poco en un tajante “con nosotros o contra nosotros”.

La unanimidad para calificar la tragedia abrió paso a la justificación de la venganza guiada por una retórica de absolutos opuestos. Se respondió a la muerte con su propia recreación. El ataque físico se resignificó, como señalaba ya Susan Sontag tan sólo un par de semanas después, en otro ideológico y cultural a conceptos como “civilización”, “libertad”, “humanidad” y “el mundo libre” sin tomar en cuenta sus motivaciones culturales e históricas o de seguridad e inteligencia.

III

Mediante los mismos conceptos aludidos por Sontag también se pretendió redimensionar el ataque a un país mediante la elasticidad de un concepto tan vago como el de “Occidente” apoyado en cierta medida por tragedias individuales. Bajo dicha retórica se presentaba coherente que si un ciudadano español había muerto ese día en Nueva York, casi un par de años después el ejercito de dicha nación ayudara al estadounidense a tomar Baghdad. Las posibilidades de perplejidad ante tal lógica son tan bastas como la cantidad de países que tomaron parte en la coalición y tan variadas como los intereses particulares de cada estado y su relación específica con Estados Unidos. La adhesión de España a la defensa de un concepto de “Occidente”, construido bajo la lógica de la demostración de fuerza, desencadenó nuevos ataques a cuyo dolor se respondió de una manera distinta. Tal vez cabe llamar, para tomar un término de la propia Sontag, más “democrática” a la reacción española que a la de un Estados Unidos gobernado por George W. Bush. Aún quedarían por cuestionar muchos otros aspectos (legalidad internacional, aspectos humanitarios, violentamiento del contacto entre culturas, daño al medio ambiente, el impacto en la vida diaria de las población, etc) de la respuesta militar estadounidense tanto en Irak como Afganistán; sin embargo esos conceptos van más allá de la discusión sobre la mera viabilidad retórica de su justificación. Sin embargo la misma retórica que pretendía construir la existencia de nuevas amenazas contra la seguridad de la población estadounidense (o incluso del resto del mundo) por la presunta existencia de armas nucleares (nuclear weapons) perdía su pretendido efecto como parte de programa de demostración de fuerza al ser traicionada por una magra dicción, que naufragaba en la suposición de estar ante inespecíficas “nuevas armas asesinas” (new killer weapons).


IV

Incluso antes de los atentados de hace 9 años el status quo estadounidense en la política internacional se encontraba ya cuestionado por las condiciones de la elección presidencial en la cual resultó electo George W. Bush. No es nueva la construcción conceptual de una amenaza al orden social como estrategia de unificación social. Si bien la construcción conceptual del terrorismo se basa en acontecimientos tan reales como lamentables, cabe citar de nuevo a Susan Sontag cuando señala que “las personas a cargo de la administración nos han dejado saber que consideran que su labor es manipulativa en la construcción de la confianza y el manejo del dolor”. Las estrategias retóricas en la construcción de conceptos de amenaza social empleadas por la administración Bush parecen encontrar eco y ser replicadas en los contextos particulares de otros países también regidos bajo el esquema de la república democrática con un sistema parlamentario bicameral y elecciones mediante voto universal.

Resultaría contradictorio apuntar sin pruebas a la importación sistemática e implementación premeditada de un estrategia de construcciones conceptuales siguiendo un método específico. Sin embargo se puede hablar de fenómenos recurrentes en los sistemas políticos de representación popular basada en el voto universal. Uno es la agudización de las segmentaciones de población (por motivaciones económicas, culturales, raciales, religiosas, ideológicas, etc) como resultado de la competencia entre grupos antagónicos en procesos de elección. En gran medida relacionado al fenómeno anterior se presenta con frecuencia la manipulación retórica de problemáticas domésticas específicas para la construcción conceptual de amenazas al orden social. En cualquier caso dicha estrategia se emplea como intento de minimizar la segmentación social de la población y la ingobernabilidad que tal fenómeno implica.

Las estrategias de explotación retórica de problemáticas para construir conceptos de amenaza social sitúa a la población en un estado de alerta que demanda unificación de sus segmentos antagonizados durante los procesos de sufragio. Una vez establecido el concepto de amenaza la relación entre su manipulación retórica y las respuestas pragmáticas ordenadas por el gobernante tiende a cuestionar la verosimilitud de la amenaza conceptualizada. La población evalúa la confiabilidad de los conceptos y la capacidad del gobernante para responder a la amenaza o bien la propia veracidad de la misma; bajo circunstancias normales las sensación de confianza o engaño se habrían de ver reflejadas en los resultados de las elecciones. En el caso de la respuesta de Estados Unidos al terrorismo las amenazas potenciales perdieron validez (en el caso de Irak) y la capacidad de demostración de fuerza para eliminar las amenazas que ya hicieron daño (la cacería de terroristas en Afganistán) no se ha concretado. La manipulación retórica de problemáticas específicas para crear conceptos de amenaza tiene un origen histórico en la política tanto interior como exterior de Estados Unidos. Este contexto también determinó en cierta medida fenómenos similares en países de Latinoamérica debido a que su política interior muchas veces estuvo influenciada por los intereses exteriores de las partes enfrentadas durante la guerra fría. El tratamiento retórico de las problemáticas reales para crear conceptualizaciones (no sólo de amenazas sino también de beneficios potenciales a la población) en función de los procesos electorales está creando “democracias” basadas en sofismas cuyo fin es garantizar el voto y no en atender de manera pragmática las necesidades y problemáticas específicas de las que se alimentan en los países donde ocurren estos fenómenos.

V

Desde mi perspectiva noto que la menara recurrente del uso de la retórica que intento describir lleva a una disminución gradual en la percepción de la diferencia ideológica entre partidos políticos. ¿Se trata de un deterioro inminente de la república democrática como forma de gobierno inherente al capitalismo?

1 capas de transparencia:

  1. Para los que preguntan por mis trinares en el ave verdeagua aquí les dejo el link http://bit.ly/9stZZx

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